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Para mi amor en sus ’90

No tengo claro cuando pasó, mi papá dice que me subía en sus hombros y yo, en un clásico gritaba “Alianza,no!; Alianza,no!”.(cinco años)

Recuerdo que en los ’90 miraba todos los partidos de la U, tenía una radio y grababa mientras veía, retrocedía y avanzaba mi cassette hasta sacar todas las letras de las barras, las apuntaba en mi cuaderno de la U (uno que forré con un póster del equipo), me despertaba al día siguiente y le pedía dinero a mi mamá para ir corriendo a comprar todos los periódicos que hablaran del campeón, recortaba y pegaba. Una vez me aprendí el rap de la U, era algo así:”En Occidente,Oriente,Norte siempre: Y dale U” jaaa. Mis padres y sus desavenencias coincidieron con toda mi rabia juvenil que bien la plasmó Nunes en la cara de Kopriva.(episodio que nunca dejará de sorprenderme).

 

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Salía del ballet corriendo por todo Gregorio Escobedo para llegar a mi casa y ver los partidos, siempre me decía: “podré ir algún día?”, “son tantas personas ahí, igual tengo que ir”, mientras guardaba mis mallas y zapatillas de baile. 
Un día fui con mi Beto y su chofer a mi primer partido, en el Nacional y a Occidente contra el Boys. Recuerdo que miraba todo, casi ni vi el partido, fue impresionante. Tengo ese día plasmado en mí corazón. Llegué a ver a Roberto Martinez y al Puma; no podía creer que estaba tan cerca a ellos, a ese “lugar” de tantas personas; tan cerca a la Trinchera.


Cuando entré a la universidad fui a mis primeros partidos en Oriente que ya era algo “peligroso” ahí te podías encontrar al adversario y claro presencié muchas peleas o discusiones.  Tanto batallé con mi amigo del cole, el chato José Miguel, durante muchos recreos y clases para que me lleve a Norte y el me decía: negra ese no es un lugar para mujeres; hasta que un día lo convencí o lo harté (no sé) y me llevó a un partido con el Deportivo Wanka o algo así y desde ese día, no dejé de ir hasta la actualidad.

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Universitario de Deportes es una de las tres pasiones que tengo en la vida (enseñar y bailar Marinera son las otras), no sé cuando empezó este sentimiento pero sí sé que le debo muchas alegrías, me enseñó que cuando todo va para abajo yo tengo que sacar la garra y seguir luchando por lo que quiero. Si me digo hincha de la U no se me está permitido bajar los brazos ante la adversidad, me tengo que parar y seguir mi destino. Quizás nadie lo entienda, quizás suelo ser una mujer muy extraña en esta sociedad machista y tiene algo de válido; sin embargo nunca he dejado de ser una dama, de estudiar y sobretodo de ser feliz con todas mis decisiones (como el día que decidí amar a mi club) Sólo sé que mi equipo me ha acompañado durante muchos episodios vividos; malos, buenos, peores, mejores. He narrado algunos aquí.

 

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Todas las veces que me he graduado me he puesto en la toga mi pin de la U, si tenia que tatuarme algo en la piel tenían que ser las 26 alegrías que me dió; tengo cada estrella con cada año y de color granate; los bicampeonatos y el tri son cremas y están juntos; con sus respectivos años, también.
Un día gracias a mi hermano Charles me animé a escribir un cuento, bajo su confianza en mí y a modo de participar en el primer concurso literario que hacía el club por su ’80 aniversario. Fui la única mujer que fue premiada, entre tantos varones. De ese título salió la frase de la primera bandera de mujeres colgada en el alambrado de una popular en este país: “Quien nazca de mi vientre será tan crema como yo.” Las pocas mujeres que íbamos en ese entonces, lo que nos costó ser respetadas en un lugar exclusivo para varones. Las quiero con el alma Banda del Calzón (así nos bautizaron en un viaje), gracias porque juntas pintamos nuestra bandera, en la azotea de la chata Claudia, con Lorena, Jackie y Carina. Antes de eso hicimos los cuadros en la tela, en el Lolo con Chili y Machi, un sábado por la mañana.

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Los viajes, las trifulcas, las comisarías, la rockola, el arroyo, el local del cuervo, las tardes de cortar papel y ponerla en sacos, los policías abusivos, las bombas lacrimógenas, el ron, el rock, esperar las 12 cada aniversario en el Lolo, vivir la primera empapelada en este país, caminatas eternas (si yo caminé desde Huaral hasta Chancay, durante tres horas con Javo, Chili, Juancito) para regresar a Lima, también fingí estar embarazada, para que nos dejen entrar al estadio; con el eterno Arturo Picón, me he desmayado en el trabajo mil veces para llegar al partido, he salido del escenario sin quitarme el maquillaje y así he llegado a Norte corriendo y con mis pañuelos de marinera en el bolsillo, he apurado reuniones de padres, he adelantado clausuras para poder viajar. Qué no he hecho por mi adorado club y qué no haría!
Gracias por ser una de las más grandes pasiones que tengo, mi cobijo, mi cable a tierra y el más sincero y puro amor.
Como mi papá y yo nos decimos: Te amo mil veces mil. Yo a ti Universitario de Deportes, también te amo, mil veces mil; con toda mi razón y conciencia de lo que define al amor.

 

Marthita Cuellar

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